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BANANA
No es que a uno le apetezca andar contando su vida ni narrar batallitas acaecidas en otros tiempos, francamente, me da vergüenza, pero si tenemos que hablar sobre Banana no me va a quedar otro remedio. Pido por ello disculpas al pacientísimo lector y ruego sea lo más indulgente posible ante las evidentes dosis de egocentrismo acumulativo.
Todo esto dio pie a la formación de Banana, una banda paralela, con Félix Arribas (ex Silver´s) de los propios Pekenikes en los tambores, y mi viejo compinche Chema Pellico (ex Cerebrum, ex Blue Bar) al bajo. Como el “ridiculum vitae” de los tres aglutinaba agrupaciones tan prestigiosas como Canarios, Pekenikes, Cerebrum, y Blue Bar, no tuvimos problemas en integrarnos rápidamente al circuito de actuaciones underground, que para entonces parecía cobrar renovados ímpetus después de una larga e infame sequía.
“Banana no son agresivos ni broncas. Para eso están Burning, Coz o Moon. Los Banana son tres profesionales del rock estilizado, sofisticado ... en la línea marcada años ha por los Cream. (...) Saben cómo tocar y como sonar, pero les falta gancho. Son elitistas y distanciadores. Tocan desde su torre de marfil. Así que si quieres que alguien te toque bien mientras bebes un tequila sunrise enróllate con Banana.”
Como cabe imaginar, lo del grupo paralelo no terminó de calmar mi comezón, y en vez de aliviarla se complicó con una brutal urticaria que me llevó a dejar definitivamente Los Pekenikes en marzo del 77 para concentrarme exclusivamente en lo mío. Fue una decisión complicada: eran tipos divertidos, buenos compañeros, y el inminente calendario veraniego estaba repleto de galas con las que llenar convenientemente las alforjas; pero no lo dudé. Tommy Bolin, uno de los guitarristas guiris más explosivos del momento, acababa de palmarla con sólo veinticuatro años y a mí se me escapaba el tiempo de las manos, así que empecé la faena con una larga cambiada de rodillas.
“(...) Los grupos que conforman el rock madrileño suelen tener poca calidad instrumental y poca imaginación creativa, aunque sustituyan estas faltas con la elaboración de una imagen coherente y claramente definida; en Madrid, el rock suele ser lenguaje antes que música, imagen antes que sonido.
Banana se separa de este grupo, e incluso podría decirse que le lleva bastante ventaja: hacen una música cuidadosa, de mucha mayor calidad sonora de lo que es habitual. (...) Han sabido asimilar la influencia de, por ejemplo, Led Zeppelin y de otros conjuntos comerciales y fuertes anglosajones, sin desmerecer para nada de los originales. Los componentes de Banana saben muy bien por dónde van y lo que pretenden; no tocan “de oídas”, sino con un sentido claramente profesional de la música.
Por otra parte, le falta al conjunto precisamente lo que es más importante del “rock madrileño”: una imagen. No adoptan la máscara de la dureza y de la violencia, lo que me parece muy bien; pero tampoco han sabido sustituir esto, que en ellos sería un disfraz, por otro tipo de imagen reconocible; tal vez es que tampoco hayan encontrado un tipo de público con el que tengan, de algún modo, necesidad de sentirse identificados.”
Haro Ibars tenía razón, porque a pesar de las precauciones tomadas al montar esta segunda edición de Banana, con la que sí pretendíamos ganarnos la vida, seguía detectándose el mismo defecto apuntado un año antes por Ordovás. Había que poner remedio, y pronto.
Después de la primera tocata en Morata de Tajuña, Gálvez nos colocó en varios festivales: Guernika -con Brakaman, Bloque y Coz-, Móstoles -con Ñu, Asfalto, y W.C.?- y de ahí a la plaza de toros de Benidorm, donde tuve el placer de descubrir a Costa Blanca, para mi gusto una de las mejores agrupaciones españolas de aquel tiempo, con quienes coincidiríamos al año siguiente en la gira de La Noche Roja.
Para entonces yo ya había alertado de la existencia de Banana a Julián Ruiz, destacado y temido por sus feroces críticas, periodista musical y deportivo, a quien conocía de mi paso por Los Canarios, ya que, junto a Carlos Juan Casado (A&R de Ariola) y Manolo Correa, había sido uno de los mejores amigos de Teddy.
Julián vino a vernos a una discoteca de Colmenar Viejo, pareció gustarle el grupo, prometió hacer una crítica en Popular 1, y así quedó la cosa. Un par de días más tarde me telefoneaba diciéndome que quería hablar conmigo sobre un proyecto que tenía en mente; de paso, me conminaba a que leyera en Marca, fecha: 2 de septiembre de 1977, un comentario que había escrito sobre nuestra actuación.
“No son numerosas ni mollares las oportunidades que el cronista dispone para hablar, aunque sea bien, de un grupo de rock hispánico. Pero el caso de Banana es único, tras los escarceos en este verano maldito. Fundado, formado y capitaneado por Salvador Domínguez, guitarrista implacable e impecable, logra magníficas reacciones en los primeros contactos con la audiencia.
Salvador fue un héroe de los tiempos paleolíticos del rock madrileño. Tocó en Cerebrum, Blue Bar, Canarios, Pekenikes y formó la primera edición de Banana hace ahora un año. Pero, tras despedirse de Pekenikes, el pasado mes de junio pudo componer la auténtica y definitiva Banana, un grupo que, afortunadamente, no comete el incesto de la búsqueda del rock macarra y basurero.”
Calculo que fue por entonces cuando Mariscal Romero estaba poniendo en marcha el sello Chapa, la voluble industria discográfica española parecía interesarse súbitamente por los grupos, e imagino que Julián, estando al tanto de todo esto, decidió zambullirse a la piscina y plasmar sus gustos e ideas musicales con un grupo, iniciando así la que sería una exitosa carrera como productor. Lo bueno era que los dos compartíamos los mismos gustos musicales, y éstos, afortunadamente para nosotros, eran francamente amplios.
La realidad de la carretera, los conciertos, los alquileres de equipos de sonido y luces, de transportes, y otros factores importantísimos, eran, para ellos, meros caprichitos secundarios. “Las galas son pan para hoy y hambre para mañana”, solía decirme el director de Polydor, y esa era la política a seguir por todas las compañías de España, especialmente en CBS, la más lucrativa, organizada e imitada en sus campañas de promoción por las demás. Por otro lado, tenías la posibilidad de pedirle a tu mánager que te prestara el dinero para comprar un buen equipo de P.A. , pero eso ..., era impensable, algo de locos. No sé si Julián entendió bien lo que le estaba intentando explicar, pero no volvió a mencionar el tema. El tiempo nos daría la razón a los dos.
La decepción por parte de todos los allí involucrados fue mayúscula, y mis argumentos sobre la inviolabilidad del grupo quedaron desactivados ipso facto. No me quedó más remedio que asumir el papel de cantante, guitarrista y compositor, tal y como había aconsejado Julián desde el primer momento. Así moría Banana como grupo y nacía Banana como título de mi primer elepé, que empezamos a grabar en los estudios Fonogram en diciembre de 1977. Ni siquiera había transcurrido un año desde que dejé Los Pekenikes, y la apuesta ya daba sus frutos. Por fin podría grabar un disco por mi cuenta. Ya me tocaba ... La fe y constante dedicación de Julián, y la paciencia de su mujer, Mariví Fernández Palacios, fueron vitales para ello. Gracias, amigos.
De este modo, en aquel primer álbum, Banana (1978), participarían los integrantes de las dos últimas cosechas bananeras: los tres mencionados más Pedro Moreno (batería) y Julio Blasco (bajo). Javier Benet tocó piano acústico, eléctrico y clavicordio. Mary Jamison hizo coros. También pude contar con ilustres invitados, como Jorge Pardo (saxo y flauta), Rubem Dantas (percusión) y Pedro Ruy-Blas (voces y percusiones), miembros del grupo Dolores, y disfruté también del incalculable apoyo moral de Miguel Ríos, quien se pasaba de cuando en cuando por el estudio a echar una mano. Él, en ese momento, estaba promocionando Al-Andalus (1977), un álbum complejo, magnífico, con aires jazzistas y andalusíes, reencontrándose con el rock en su siguiente obra, Los viejos rockeros nunca mueren (1979), anticipo del clamoroso éxito popular que obtendría a partir de 1980.
Escalonadamente, entre marzo, abril y mayo de 1978 debutábamos discográficamente y empezamos a sonar a tope en las emisoras de radio una serie de artistas y grupos que volvíamos a poner sobre el tapete el rock básico y cañero, ausente por desgracia desde hacía varios años: Asfalto con El Capitán Trueno, Ramoncín y W.C.? con El rey del pollo frito, Tequila con Necesito un trago, Moris con Zapatos de gamuza azul, y un servidor con Es una broma. Otras bandas como Leño -con Este Madrid- y Cucharada -con Social peligrosidad- no tardarían en hacer acto de aparición, y la rockería española reaccionó como un muelle.
“La estación está radiando mi
basura de canción
Lo pasamos en grande y pienso que hicimos un trabajo formidable, pero, como a partir de aquel instante Polydor intentó conducirme hacia un mercado para fans quinceañeras, y, a su vez, algún interesado empezó a extender la teoría de que yo no era un rockero auténtico y que me había vendido a no se qué, me la jugué haciéndole un quite por delantales a ese manso peligroso que se me colaba por el pitón izquierdo. Visto el percal, volví a Inglaterra, país que, aunque escaso en reses bravas y de trapío, era el burladero perfecto para respirar aire fresco, insuflarme de buen rock y montar una nueva Banana, sólo que en este caso se llamaría Banzai. No fue tarea sencilla.
üEl nombre de Banana estaba inspirado en el famoso dibujo que en 1966 hizo Andy Warhol para Velvet Underground.
üTommy Bolin: Guitarrista, cantante y compositor de hard rock, nacido en Sioux City, Iowa, y afincado en Boulder, Colorado, EEUU. Tocó en grupos como Zephyr, James Gang y Deep Purple. Participó en discos de Billy Cobham y Alphonse Mouzon. En solitario, grabó los elepés Teaser (1976) y Private eye (1977). Falleció en Miami, Florida, el 4 de diciembre de 1976, por sobredosis de heroína, tras actuar en un concierto junto a Jeff Beck.
üBanana: Salvador Domínguez (Guitarras: Gibson SG Junior, Fender Stratocaster. Amplis: Marshall y Orange, de 100 watios), Julio Blasco (Bajo Fender fretless), Pedro Moreno (Batería Premier).
üDurante 1978 y 1979, los músicos que pasaron por la banda de Salvador fueron Eduardo Ramírez (bajo), Pedro Moreno, Larry Martín, Miguel Ángel Guillermo, Salvador Niebla (bateristas), Javier Benet, Rafa de Guillermo (teclados), Paula Narea y Cristina Narea (coros).
üEl elepé Banana (1978) se grabó en los estudios Fonogram. Tino Azores fue el ingeniero de sonido.
üEl elepé Recién pinchado (1979), se grabó en los estudios Eurosonic. Pepe Loeches fue el ingeniero de sonido.
Esta biografía de Banzai está tomada
íntegramente del libro de Salvador Domínguez:
© del
texto: Salvador Domínguez
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