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BANZAI
“Una de las bandas
fundamentales e históricas del rock duro español. Salvador Domínguez fundó
Banzai después de realizar junto a Miguel Ríos una gira triunfal en 1982. El
primer álbum del grupo (Banzai, Hispavox, 1983) es totalmente imprescindible
y contaba con Valentín del Moral (Chino) a la voz, Carlos Vázquez (Tibu) al
bajo, Juan Carlos Redondo (Snoopy) a los teclados y Larry Martin a la
batería. El tiempo ha situado canciones como Funciona legal, No te enganches
o Coche rápido en la noche en la cumbre de nuestro rock. En 1983, José
Antonio Manzano y David Biosca, procedentes de Tigres de Metal, sustituyen a
Larry y Chino. La renovada formación se estrena en el festival de Mazarrock
y Banzai ficha por WEA.”
(Pedro Giner, de su libro Guía del rock -Luca
Editorial, 1993-)
“Banzai: uf, tela. Paco
Salazar, mánager de la banda, viajó con nosotros en el bus hasta el
festival, mientras devorábamos kilómetros, hablamos del grupo. Nos anticipó
lo que más tarde se haría oficialmente público: cambios en Banzai. Dos han
sido las sustituciones: Larry el batería, y El Chino, cantante. En cuanto a
Larry hay que decir que fue el único del quinteto que no firmó contrato
personal con Hispavox y que su estancia en Banzai siempre fue eventual, ya
que ni por un momento él olvidó que, aún a pesar de sus colaboraciones con
el grupo, él seguía siendo el batería de Guadalquivir. En cuanto al Chino,
la cuestión es otra. Según las palabras de los propios miembros del grupo y
de su mánager: “El Chino es un gran cantante, un tío con muchísimas
posibilidades, pero la punta de lanza de un grupo de rock siempre está
sostenida por el vocalista. La imagen es vital y por nuestra parte, los
esfuerzos para una coherencia total han sido grandes, aunque nunca lo
logramos.”
Todo esto lo matizaban Banzai
en rueda de prensa en un hotel de Mazarrón poco antes del comienzo del
festival en su segundo día. Los que tomaron el relevo del Chino y Larry son
José Antonio Manzano y David Biosca. Los dos vienen de Barna y se unieron a
Banzai tras la ruptura de los Tigres de Metal, su anterior banda. (...)
Parece ser que la profesionalidad de los catalanes está por encima de toda
duda y el acople en el seno de la banda ha sido total.
La sorpresa fue
maravillosa. Como ellos habían anticipado el acople era total. Desde atrás
(bajo y batera), buen soporte rítmico para los fraseos, solos y melodías de
las teclas y guitarra, con un José Antonio Manzano, potente, ágil y
cantando. La vistosidad de la banda ha crecido desmesuradamente mientras que
suena con un brillo envidiable. Banzai, Voy a tu ciudad, No te enganches,
prácticamente todos los temas que integran su primer LP desgranándose uno a
uno.
Pero un punto trágico inundó de mal rollo el
concierto de Banzai. Cuando la banda caminaba hacia el final de su
actuación, Salvador, en uno de sus habituales saltos desde la tarima de la
batería, fue literalmente tragado por la tierra. El escenario se abría bajo
sus pies y cayó dentro. El susto fue gordo, la guitarra inutilizable,
raspones en los brazos y un golpe en la mandíbula que unos centímetros más
hacia dentro le hubieran costado la vida. Parece ser que ya algunos músicos
habían avisado a la organización de que aquella parte del escenario estaba
podrida, pero hicieron caso omiso y pasó lo que pasó. Pero con agallas, como
dice una de sus canciones, Salvador volvió al escenario antes de pasar por
el hospital y tocaron el único tema nuevo de la banda, El exterminador.
Entre el clamor de la basca absolutamente enfervorizada finalizó uno de los
conciertos más grandes del Mazarrón. Larga vida a Banzai, que caminan con
fuerza hacia el futuro, pudiéndose consolidar dentro de poco como una de las
bandas grandes de España.”
(El Pirata, extracto de su crónica del Festival Mazarrock, revista Heavy rock, agosto de 1983)
P.- ¿Cómo fue tu
salida de Banzai? ¿No resultó ser un golpe bajo?
R.- “No quiero entrar en polémica, pero lo
cierto es que se dio de lado a la gente que más había trabajado por el
grupo. Cuando me fui, lo cierto es que Banzai estaba perdiendo la identidad
que tenía desde un principio. El verdadero creador de la banda fue Enrique
Ballesteros, que se fue del grupo antes de entrar a grabar. De hecho,
entramos Tibu y yo el mismo día a las dos y media de la tarde y a las diez
de la noche estábamos grabando una maqueta. Eso demuestra la afinidad que
tenía con Banzai. El caso es que fue Salva el que tomó las riendas y yo le
dejé hacer porque le veía muy seguro de lo que él quería. Pero pienso que se
ha equivocado porque el segundo elepé no tiene comparación con el primero.
El gran concepto de Banzai era la amistad y Salva desvirtuó esa base. Así,
la segunda versión de Banzai tenía mucha más imagen, pero mucha menos
autenticidad. Anímicamente, mi salida de Banzai me afectó totalmente durante
un año. Debí haberme marchado mucho antes, pero creía tanto en el grupo, que
preferí aguantar el mal rollo que había. A Salva le respeto como persona, no
le guardo ningún rencor, pero estoy totalmente en desacuerdo con su forma de
trabajar.”
(El Chino, declaraciones a G.P., revista
Heavy Rock, 1984)
“Cuando llegué al estudio, estaban ya
almorzando algunos de los chicos de la banda. Tibu me recibió con un amoroso
abrazo (cortesía de la casa) y me presentó a la nueva adquisición del grupo:
Danny Peyronel (teclados y coros, ex Heavy Metal Kids, ex UFO, ex Riff).
Tras varios meses de pruebas y consideraciones al fin Banzai ha encontrado
en Danny el elemento fundamental para cerrar una formación que no tiene
parangón en el país. (...) José Antonio Manzano y David Biosca son siempre
los últimos en levantar sus cuerpos de la mullida cama, aunque ese sábado
serían derrotados por Salvador, que se pasó casi la noche entera grabando
solos de guitarra, unos solos que cuando los oigáis se os van a caer los
pantalones. Brad Davis (ingeniero de sonido) y Vicente Romero estaban al
mando de los controles e hicieron un auténtico trabajo de orfebre,
colaborando en todo momento con el grupo. El propio Vicente me comentaba
durante la grabación en una escapada que hicimos fallida para comer unos
pescaditos a la orilla del mar: “Salvador es el guitarrista más auténtico
que hemos tenido desde siempre en el país, y si alguien se merecía tener una
banda como ésta y triunfar con los chicos era sin duda él.”
(...) Hasta Paco Salazar, mánager de la banda,
se acercó al estudio para escuchar la magnificencia y fuerza brutal y
asesina de No pierdas el tren, un tema que va a sonar cantidad, aunque
parece que como primer single se va a extraer un tema de entre el que da
título al LP Duro y potente y Grita, y yo mismo tuve la suerte de meter
algunas voces en ambos.”
(Joan Singla, extracto de una crónica publicada
en Heavy Rock, febrero de 1984)

“Viejos y nuevos temas para una banda que por
fin consiguió solidificarse en la cresta. Trabajo les costó pero lo han
conseguido. Un show muy cuidado y con muchos puntos de originalidad para un
sonido fresco y contundente. Magistral el Salvita, brillante el Peyronel y
muy propio Manzano con Tibu y David siempre precisos y en su punto.”
(El Pirata, Banzai en el Pabellón del Real
Madrid, revista Heavy Rock, julio de 1984)
“Si bien es cierto que
teníamos una popularidad importante en el país, la realidad es que no había
galas y los músicos queremos ante todo tocar. En principio, íbamos a seguir
en Banzai y lo que luego se ha decantado en Tarzen, lo dejaríamos como un
proyecto aparte, separado. Pero surgieron otras circunstancias, como
problemas de management, que nos ponían la soga al cuello para que no nos
moviéramos y continuáramos con la aventura de Banzai a toda costa. Este
asunto llegó casi a la extorsión y dijimos entre los cinco que mejor sería
dejarlo porque no había una salida válida para la banda. Se llegó a un
acuerdo mutuo. Nos querían mantener juntos presiones externas al grupo, pero
de una manera tan artificial que hubiera sido un engaño ante el público de
haber continuado adelante.”
(Danny Peyronel, declaraciones a Gloria Rogers,
revista Heavy rock, 1985)
Por alguna razón nunca se ha contado debidamente la
historia de Banzai. Seguramente, porque nosotros mismos nos encargamos de no
desvelar ciertos asuntos que, en su momento, pertenecían al “secreto de
sumario”. Éramos músicos de rock, sí, pero profesionales. Por eso, sin pretender
darle a las cosas mayor importancia de la que tienen, e intentando ser lo más
objetivo posible -cosa utópica-, desenredaremos el nudo gordiano de los hechos,
cumplidos veinte años de la disolución de aquel grupo que fue parte importante
de mi vida.
“La idea de Banzai empezó a rondar mi cabeza
después del verano de 1979, justo al terminar de grabar el elepé Recién pinchado
(Polygram, 1980) y salir disparado hacia Londres. Por aquellas fechas, me
preocupaba muchísimo más de que el departamento artístico de mi discográfica me
contactase con mánagers y promotores británicos, que en ver cómo me marchaban
las cosas en mi país, donde el rock seguía siendo una moda que iba y venía sin
mucho rigor ni sentido, y cuya infraestructura era prácticamente inexistente.
Tenía el privilegio de ser artista “objetivo” de Polygram, al menos de momento,
pero me largaba de aquí para buscar las verdades del rock sin importarme las
consecuencias.
Nada más llegar, y en lo que ayudaba al ex Equal
Eddy Grant a traducir unos temas al castellano, hice audiciones con decenas de
grupos, contacté con productores (Mickey Most, Dave Goodman, Colin Thurnston),
ingenieros de sonido (Chris Tsangarides, Gwyn Mathias), estudios de grabación
(Utopia, Morgan, Rockfield -en Gales-), locales de ensayo (Nomis, Rollerball,
The Hole at Elephant & Castle, etc.), editoriales musicales (Chapell), sellos
independientes (Rak, Din Disc, The Label, Gun) y estafadores y dealers de droga
que utilizaban la música como tapadera.
Resumiendo: en noviembre me unía a una banda de
heavy rock, Legend, en la que, sin saberlo hasta que llegué a su estudio en
Sidcup, Kent, tocaba el bajo un viejo amigo mío: José Manuel Rodríguez, ex
componente del trío vallisoletano Eva Rock. Pronto, monté un grupo propio, para
actuar allí, y luego, en verano, venirnos a tocar a España. Intensísimos ensayos
diarios y tocatas en garitos impensables dejaban poco tiempo libre, que empleaba
en ir a conciertos de Pat Travers Band, UFO, Rush, G-Force, Whitesnake, Black
Sabbath, Judas Priest, Thin Lizzy, Rainbow, Van Halen, Ted Nugent, Wild Horses,
Samsom, Iron Maiden, Girl, Def Leppard, Michael Schenker Group y Ozzy Osbourne´s
Blizzard of Oz. También a otros de Q-Tips, The Clash, Adam & The Ants, Stray
Cats, Dave Edmunds, Billy Nelson, Joy Division, The Cure, Generation X, Killing
Joke, Keith Jarrett, B.B. King, Eric Clapton, Santana, Jeff Beck ...
Nueve meses después, en agosto de 1980, pasados los
festivales de Redding y Donnington, volví a Madrid para mantener una
importantísima -para mí- reunión con el nuevo director de Polygram España, el
portugués Carlos Pinto, en la que le propuse la grabación de un elepé en directo
en el club Marquee de Londres, con mi banda inglesa y un repertorio compuesto
por temas de mis dos elepés, más otros nuevos que acababa de componer: Banzai
, y Reina de la noche, que en inglés se titulaba Easy straight faced
fighter. Pinto no lo vio claro, creyendo que el presupuesto se iría por las
nubes. Yo, poco espabilado, no le clarifiqué que la producción se ajustaría a
las restricciones económicas recientemente implantadas en la compañía, y cerré
la entrevista, y mi contrato, asumiendo que no le interesaba mi propuesta
artística, cuando de lo que le tenía que haber hablado era de inversiones y
beneficios, no de guitarritas y rock.
Ya comenté en el apartado de La Banda del Rock &
Ríos cómo cuando estaba a punto de volverme a Inglaterra entré a tocar con mi
admirado Miguel Ríos, cuya banda dejé al comenzar la gira de 1981 para
concentrarme exclusivamente en ese proyecto iniciado dos años atrás y que ya
tenía nombre: Banzai. Ahora, sólo quedaba componer un repertorio, buscar nuevos
compañeros de viaje (porque los de Inglaterra quién sabe dónde estarían ya),
encontrar un mánager que creyera en la historia y firmar nuevo contrato
discográfico. ¡Casi ná ...! Qué inconsciencia la mía, madre de Dios ...
Rápidamente me puse a trabajar a destajo con el
poeta Xaime Noguerol (nacido en Verín, Ourense) para escribir los textos de las
canciones que iba componiendo. Por las tardes recorría los locales de ensayo de
Madrid, husmeando, viendo músicos. Contacté con el cantante Achille “Jimmy”
Reitz, líder de un grupo llamado The Jimmy Speed Band, y con el baterista
Enrique Ballesteros (ex Blue Bar, ex Ñu, ex Cráter, ex ETC), a los que les
propuse empezar a ensayar, a ver qué pasaba. Jimmy se vino a mi casa, y, tras un
mes de faena nos dimos cuenta de que seguíamos registros muy distintos, así que,
tras desearnos suerte, se fue a Barcelona. Hasta entonces, habíamos probado con
un montón de músicos, pero la química no cuajó hasta que aparecieron Valentín
del Moral “El Chino” (cantante, ex ETC.), Juan Carlos Redondo “Snoopy”
(teclados, ex ETC.), y Carlos Vázquez “Tibu” (bajo y coros, ex Ramoncín y W.C.?,
ex Cráter). Esto debió ser en mayo de 1982. Los cinco grabamos una maqueta en el
ensayo, y con ella me fui a ver a Carlos Juan Casado, A&R de Hispavox, quien sin
oír ni una nota dio vía libre para que hiciéramos otra `demo´ en mejores
condiciones, en los estudios de la compañía.
En septiembre debutábamos en la Plaza de Toros de
Aranda de Duero como teloneros del guitarrista Alvin Lee. Días después, Enrique
(Ballesteros) presentaba su renuncia por disparidad de criterios conmigo.
Inmediatamente llamé a Larry Martin, el potente batería de Guadalquivir, para
que ocupara momentáneamente el sillín de los tambores y participara en el primer
elepé de Banzai, que empezamos a grabar en diciembre de 1982 y terminamos justo
cuando nació mi hija Paula, en enero del 83. Hablé entonces con otro buen amigo,
el promotor Paco Salazar, proponiéndole que se hiciera cargo de nuestro
management. Paco, que dirigía la sala Morasol, aceptó gustoso, con la condición
de involucrarse de lleno en la historia y ser el sexto miembro del grupo. En
estas operaciones, y otras que no vienen al caso, conté con el empuje entusiasta
de Tibu, que junto a Larry formaba una sociedad rítmica lujosa y precisa; dos
cronómetros con una sonrisa en los labios y un corazón que no les cabía en el
cuerpo. Snoopy tocaba lo que requeríamos de él y era un buen compañero, aunque
nos hiciera pasar un mal rato en el Marquee-Madrid, antes de salir a tocar,
cuando Paco Salazar tuvo que rescatarlo de los gorilas de seguridad, que estaban
a punto de practicarle un registro anal en busca de tripis. De buena se libró.
En Hispavox encontramos un ambiente estupendo, muy
agradable, vamos. Es cierto que José Luís Gil, Presidente de la compañía,
encolerizado, rompió en pedazos nuestro disco al oír la letra de Coche rápido en
la noche, según contaba con guasa Carlos Juan Casado, pero, en general, la
predisposición era buena, la campaña de promoción se trazó coherentemente, y el
disco empezó a escucharse y a venderse por todo el país, a pesar de que ese
histórico sello no se distinguiese por promover artistas de rock, y mucho menos
de heavy rock. Tuvimos suerte.
Pero, de repente, por lo que fuese, El Chino, que
había cantado estupendamente las canciones del elepé, empezó a achantarse ante
el público y a transmitir una nostalgia y tristeza que poco tenían que ver con
lo bien que nos estaban empezando a ir las cosas. El primer gran marrón lo
tuvimos en enero del 83, en “Las 24 Horas de la Radio”, un festival organizado
por Radio 3 en un abarrotado Pabellón del Real Madrid, y retransmitido en
directo a todo el país. Terminado el show, ya en el camerino, Larry, Tibu y
Snoopy, muy disgustados por la desastrosa actuación de nuestro cantante,
amenazaron con que “o se iba él o se iban ellos”. No se fue nadie, de momento.
Estaba convencido, y así se lo expliqué a mis compañeros, que su voz, los textos
de Noguerol, la capacidad del grupo y mis composiciones, hacían una combinación
atractiva, por lo que había que darle confianza, intentando, claro, que no la
cagara otra vez. Ya era extraño que la Prensa nos hubiera dejado escapar vivos.
Tristemente, nada cambió en los siguientes cuatro
meses, y las crónicas empezaron a reflejarlo. Mientras tanto, Voy a tu
ciudad, Funciona legal, Rock duro, Amigo y Coche rápido en la noche
sonaban a tope en la SER (a Pepe Fernández, Joaquín Luqui, y Carlos Arco -de
Radio Bilbao- les debimos el impulso), y en las potentísimas descargas
megarockeras que se marcaban El Pirata y Mariano García en Radio Cadena, con
todas las hordas metalizadas de España al loro de lo que acontecía. Banzai
estaba jugando con fuego y había que tomar una decisión, que llegó sola. Casi ni
hubo que buscarla.
Debíamos estar ya en mayo del 83 cuando Tibu y yo
nos acercamos por el Pabellón de Deportes del Madrid para ver tocar a Motörhead,
intentando sustraernos del problemazo que teníamos encima con la incomprensible
actitud pasotil del Chino. Mientras nos sentábamos intentando en vano encontrar
una respuesta freudiana a tan peliagudo asunto, saltaban a escena los teloneros
de la noche, un grupo de Barcelona llamado Tigres de Metal. En cuanto vimos a su
cantante arrancar como una fiera, magnetizando a la basca motörheadera más
radical de las primeras filas, nos miramos y, tácitamente, sin mediar palabra,
entendimos qué era lo que había que hacer. No nos hacía ninguna ilusión
prescindir del Chino, pero no podíamos seguir así, de marrón en marrón. Días
después, cuando hicimos público el cambio de vocalista, evitamos comentar el
tema de su achante escénico. Nunca aclaramos la verdadera razón de su salida. No
era cuestión de fastidiarle un hipotético futuro en otra banda, o como solista.
Él achacó su despido a un caprichoso cambio de imagen y a una falta de
autenticidad y camaradería por parte mía, que de haber sido cierta le hubiera
costado el puesto mucho antes, cuando la banda al completo quiso largarlo tras
aquel concierto de Radio 3.
 Al día siguiente de lo de Motörhead, o, mejor
dicho, de lo de Tigres de Metal, telefoneé al periodista barcelonés Joan Singla,
de Popular 1, quien me puso en contacto con el cantante en cuestión. José
Antonio Manzano Albuixech, que era como se llamaba “nuestro hombre” estaba de
acuerdo en unirse a Banzai; eso sí, hizo dos peticiones. Primera: traer con él a
David Biosca, el batería de Tigres, lo cual me parecía perfecto, ya que Larry
estaba con nosotros de manera “temporal”, y su onda se aproximaba más al jazz y
jazz rock que al hard rock, aunque su apabullante calidad técnica supliese con
creces cualquier categorización absurda. Segunda: José Antonio pidió escribir
las letras de los temas que compusiéramos a partir de ese momento, una
consideración más delicada, puesto que el mensaje del grupo era claro, conciso y
real; por eso llegaba a la gente. Aún así, no podíamos obligarle a cantar cosas
con las que no se identificaba, lo que nos obligó a prescindir de la poesía
urbana de Xaime Noguerol.
Notifiqué lo hablado a Larry, Tibu, Snoopy y Paco
Salazar, y los barceloneses entraron con nosotros. Su acoplamiento fue rápido y
natural. Eran rockers de gran talento, muy profesionales y estupendos compadres.
Aquel verano participamos en todos los festivales de rock, y en teatros,
discotecas, plazas de toros, campos de fútbol, pabellones ... Antes del otoño,
Snoopy nos dejaba para irse a tocar con una orquesta a un hotel de Canarias. Le
deseamos lo mejor y permanecimos en cuarteto: Manzano, Tibu, Biosca y yo. Fue un
año formidable. Funcionábamos y sonábamos muy a nuestro gusto y al de un montón
de peña que nos seguía donde tocáramos. Mis compañeros eran músicos jóvenes, con
clase, energía, y capacidad para demostrar que eran los mejores de España en su
estilo.
Cuando llegó la hora de grabar nuestro segundo
elepé para Hispavox, maquetamos nuevos temas en sus estudios, dándonos cuenta de
que allí era IMPOSIBLE plasmar el sonido de una batería de heavy rock, y menos
ahora que el `groove´ de la banda se había endurecido un huevo. Registrar las
bases en un lugar más apropiado, o especializado estaba fuera de cuestión,
porque la compañía disponía de sus propias dependencias, muy cualificadas hasta
entonces, e irnos a otro estudio no sólo transgredía las normas de la casa, sino
sentaba un mal precedente de cara a otros artistas que luego podrían venirles
con la misma murga.
Paco Salazar creyó tener la solución a ese
`inconveniente´ y me habló de reunirnos con Vicente “Mariscal” Romero, quien nos
propuso entrar en WEA, discográfica que, bajo su supervisión, pensaba crear una
etiqueta de rock: Matador, y articular una potente campaña promocional: “El
poder del heavy”, combinando las producciones de Romero con grupos extranjeros
de la escudería Warner / Elektra / Atlantic: Van Halen, AC/DC, Ted Nugent,
Twisted Sister, Vandenberg ... Aparte de la buena nueva que suponía el que una
multinacional del potencial de WEA apoyase el movimiento del metal español, la
gran ventaja para Banzai era que las producciones se harían en los estudios
Mediterráneo, de los que era accionista Dave Holland, baterista de Judas Priest,
garantía de que los tambores sonarían potentes como cañonazos.
El Mariscal Romero acababa de desligarse de la
radio, su auténtica profesión y pasión. Según él, por un conflicto con Radio
Cadena Española, a donde había llegado la periodista María Teresa Campos como
jefa de plantilla y con quien tuvo sus discrepancias. Esta circunstancia, que
coincide con su alejamiento como productor de Barón Rojo, le lleva a asumir el
cargo de director artístico de los estudios Mediterráneo de Ibiza.
Conformes con el plan del Mariscal, me fui a ver a
Carlos Juan Casado (A&R de Hispavox), le conté la historia sin tapujos, y no
escatimó esfuerzos para que en Hispavox nos diesen la carta de libertad. No sé
qué les contaría a sus jefes para que nos dejaran marchar así por las buenas;
trabajo le costó. Fue su última gestión en la compañía, porque ese mes puso en
marcha la filial española de Virgin Records, de la cual fue director general.
Carlos Juan era un tipo especial, clase aparte. No es una apreciación exclusiva.
Todos los protagonistas de este libro que lo conocieron insisten en recalcarlo.
Te quieren, amigo.
Con todos los resortes listos, compuse varios temas
para el disco y me fui a un hotel de Barcelona, donde Manzano escribía las
letras mientras Biosca ideaba ritmos y patrones que poníamos en funcionamiento
por las mañanas en un local de ensayo, incorporando también material suyo.
Intentando reforzar nuestro sonido e imprimir mayor vistosidad al directo,
telefoneé a Londres a mi amigo guitarrista Harry Chichón, gibraltareño, para que
se viniera con nosotros. Mis compañeros imaginaron que estaba llamando a un
guitarra de ritmo, sumiso y del montón, para que no me restara protagonismo,
pero pronto comprobaron que Harry tocaba la guitarra solista como una mula y
hacíamos un tándem competitivo de lo más salvaje y espectacular, sin egos ni
tonterías. Con él ensayamos en el chalet del Mariscal Romero, en Valdemorillo
(Madrid), y se suponía que debutaría con nosotros en una edición de “La Fiesta
del Estudiante y la Radio” (enero de 1984), celebrada en el Palacio de Deportes
de la Comunidad de Madrid y televisada por TVE.
Una amenaza de bomba hizo que los organizadores
suspendieran el concierto -a eso de la medianoche (lo cuenta Pejo en el apartado
de Polasnski y el Ardor)-, que empezó a las diez de la mañana y en el que
Enrique Tierno Galván pronunció aquella frase, ya histórica: “A colocarse y al
loro”. Con toda la basca desalojada del Palacio de los Deportes, los promotores
tuvieron la desafortunada idea de continuar la velada sin público, con el
recinto vacío, mientras la chavalería se congelaba en la calle, sufriendo
desproporcionadas cargas y embestidas de una policía nacional completamente
fuera de sí, disparando balas de goma y lanzando botes de humo hacia la calle
Jorge Juan, repleta de chicos/as descalabrados/as sangrando como cerdos/as.
Solidariamente, todas las bandas que quedábamos por tocar (en teoría, las más
duras), nos negamos a hacerlo. Ya estábamos en la época en que los medios
relacionaban rock y violencia con preocupante insistencia, total desconocimiento
y ninguna razón, y no era cuestión de bailarles el agua, porque si se impedía la
entrada a la gente y nosotros salíamos a tocar, estábamos reconociendo
implícitamente que se habían comportado como “rockeros violentos y
antisociales”, que, con toda seguridad, serían los titulares de prensa, radio y
televisión del día siguiente.
De vuelta al hotel, y ante nuestra absoluta
perplejidad, vimos salir en la tele como si tal cosa a los grupos que diez
minutos antes habían estado de acuerdo en no actuar. Harry, desconocedor de la
“solidaridad” de estas bandas españolas, no daba crédito a lo que veía. En un
abrir y cerrar de ojos se cepilló dos botellas de Jack Daniels y cayó desmayado
sobre el puto televisor. Yo me sentí fatal. Las revoluciones contra un Sistema
que te sataniza sin razón se sostienen con decisión, unidad y hechos, no en base
a esquiroladas ni escudándose en panfletos baratos adornados con el epíteto
“rock”. Sin el animal que habita dentro de nosotros somos ángeles castrados. Lo
dijo Hermann Hesse antes de mutar de lobo estepario a príncipe de brahmanes.
Un inoportuno cólico nefrítico mío, pospuso los
ensayos en Valdemorillo, y Harry aprovechó para volver a su `flat´de Bishop road
en Londres, en espera de acontecimientos. Ya prácticamente repuesto, Mariscal
Romero me llamó, diciéndome que había pasado por su casa el ex teclista del
grupo inglés UFO, el argentino Danny Peyronel, y que había concertado una cita
entre nosotros dos para que le convenciera de unirse al grupo. La idea, de
entrada, no me atrajo nada: ya teníamos a Harry, y daba por hecho que lo que
buscaba el siempre activo Mariscal con la inclusión de Peyronel, quien debió
ponerle los dientes largos diciéndole que tenía buenos contactos en EEUU y el
Reino Unido, era conseguir un golpe de efecto y abrir nuevos mercados.
Durante los años 70, Danny Peyronel tocó con dos
famosas bandas de rock inglesas: Heavy Metal Kids y UFO, y acababa de obtener un
hit en los EEUU con un tema suyo: Midnight at the lost and found (Epic,
1983), grabado por Meat Loaf, el célebre gordo del Rocky Horror Picture Show.
Tras un par de años en Nueva York, volvió a Buenos Aires en 1983, y entró en
Riff, la banda de Pappo, en la que su hermano Michel Peyronel tocaba la batería.
Ahora, acababa de llegar a España, donde pensaba instalarse, y fue el mánager de
Riff, Mundy Epifanio, quien lo contactó con el Mariscal. Mis reticencias
iniciales de pedirle que se uniera a Banzai desaparecieron al conocerlo,
probablemente porque durante nuestro encuentro no usamos el término heavy metal,
sino el de hard o heavy rock, e igual conversábamos sobre Leiber & Stoller, Lee
Hazlewood, Ahmet Ertegun, Stax Records y Martin Luther King, que de Joe Orton,
Lenny Bruce, Erwin Rommel, Douglas MacArthur, “Saturday Night Live”, “The Outer
Limits”, Lucky Luciano & Meyer Lansky, Led Zeppelin, AC/DC, o el Brill Building
de Manhattan.
Con Danny integrado en nuestras filas, hubo que
llamar a Harry para contarle la película, que entendió y asimiló. Dos semanas
después, en febrero de 1984, Manzano, Tibu, Biosca, Peyronel y yo empezamos a
grabar el segundo elepé de Banzai en los estudios Mediterráneo, un lugar de
ensueño para poder desarrollar lujosamente todo lo que uno lleva dentro. Tuvimos
la fortuna de contar con el ingeniero de sonido neoyorkino Brad Davis, un
experimentadísimo y más que brillante profesional, que supo sacar el 100% de
nosotros. En una de las suites del estudio firmamos contrato con Mariscal Romero
y Paco Salazar, que habían creado una productora y agencia de mánagement llamada
Decibelios, y también vimos cómo Danny, que apenas participó en la grabación,
pues hacía nada que se había incorporado, intentaba menoscabar la labor de
Manzano, probablemente para hacerse con el puesto de vocalista del grupo, cosa
impensable para cualquiera de nosotros y que nos dio la clave de por dónde irían
los tiros con nuestra nueva “adquisición”.
Nada más salir el disco a la venta notamos un
subidón importante. La cuidada dirección artística de Romero, el impulso
promocional de WEA (Ele Juárez, Luís Javier Martínez, Luís Salomón), y el hecho
de que al público rockero le molasen temas como Luces, No pierdas el tren,
Grita, Noche negra, Se terminó, y Crimen sin castigo, fueron factores
que nos auparon en la cresta de la ola, abrazados a una tabla surfista de dura
fibra de metal. En esta etapa contamos con el apoyo de grandes profesionales de
los medios: Beatriz Pecker, Mara Colás, Paco de la Fuente, José Antonio Abellán,
Pepe Asensi, Santi Alcanda, José Mari Comesaña, Ramón Rincón, José Luís Arriaza,
Luís Carlos Buraya, Fernando García, y Agustín Herranz -de Radio San Sebastián-.
Hicimos la gira “El Poder del Heavy”, participamos
en el Mazarrock 84, Fiesta del P.C. en la Casa de Campo de Madrid y demás
eventos rockeros de aquel año, en el que, como ya han comentado otros
protagonistas, hubo un bajón considerable en la contratación de bandas de rock.
Simultáneamente, los mánagers de grupos pop doblaban los cachéts de sus
artistas, acaparaban el mercado y se inflaban a hacer galas con los
ayuntamientos del PSOE.
Como los ratos libres empezaban a ser prolongados,
Danny y yo nos pusimos a componer, solos, ya que Manzano y Biosca seguían
residiendo en Barcelona. Como es de suponer, los temas que salían los cantaba el
propio Danny -cantar había sido su objetivo desde que se unió a Banzai-, y así
surgió una historia paralela que yo dejé seguir, ya que los resultados
artísticos eran muy satisfactorios, y, además, pensaba que una y otra movida
serían perfectamente compaginables. La cuestión es que tres meses después este
grupo paralelo que bautizamos como Tarzen conseguía un contrato de grabación con
Atlantic Records de Nueva York, un sueño para cualquier músico de rock, jazz,
soul music o r&b.
La noticia me causó una sensación devastadora. Por
una parte me sentía feliz. Por otra mal. Mis compañeros, Manzano, Tibu y Biosca,
que estaban al tanto de todo cuanto iba aconteciendo, se portaron como
grandísimos amigos, animándome a tomar esa difícil decisión, aunque para ellos
significase un mochuelo de cuidado. Les propuse que se quedaran con el nombre
del grupo y siguieran adelante con otro guitarrista. Así las cosas, Danny y yo
nos fuimos a ver a Vicente Romero y Paco Salazar, para intentar resolver los
aspectos contractuales. No era nuestra intención hacerle perder dinero ni tiempo
a nadie, y menos a dos buenos compadres. En enero de 1985, Banzai se despedía de
su público en un concierto en el Pabellón del Real Madrid con Santa y Rosa Negra
como bandas invitadas."
(Salvador Domínguez, guitarrista y compositor de
Banzai)
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El elepé
Banzai (Hispavox, 1983), se graba en los estudios Hispavox. Ingeniero de
sonido: Tito. Foto y diseño de portada: Carlos Juan Casado.
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El álbum
Duro y potente (WEA, 1984), se graba en los estudios Mediterráneo, de Ibiza.
Productor: Mariscal Romero. Ingeniero de sonido: Brad Davis. Ayudante: Dennis
Herman. Dibujo de portada: Ángel Ortiz. Diseño: Rufino Vigil.
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Los estudios
Mediterráneo se inauguran en la primavera de 1980, con el nombre de Ibiza Sound,
en la localidad de Figueretas. El aislamiento y el diseño es de East Lake.
La mesa es una MCI de 56 canales, con 48 de grabación simultánea, de los cuales
dos se utilizan para sincronización. Dispone, además, de unas magníficas suites,
comedor, piscina, canchas de squash y tenis. Su fundador fue Fritz “The Cat”, un
alemán que se arruinó, haciéndose cargo del estudio Thomas Ángel, un compatriota
suyo, que se asocia con Dave Holland, el batería del grupo Judas Priest, quienes
habían grabado allí su elepé Point of entry (1981). A principios de
1984, Mariscal Romero se hace cargo de su dirección artística.
ü Carlos
Juan Casado falleció el viernes 13 de noviembre de 1992.
ü La etiqueta Matador era un subsello rockero de WEA España, creado por Luis
Javier Martínez y Ele Juárez, directivos de dicha multinacional.
ü Staff de directo de Banzai: Fernando Vega (técnico de sonido), David, Lau,
Gerson, Roque, Francis, Horacio, Enrique Platas, Miguel Ángel Castander.
ü La contratación de Banzai la llevaba Jesús Caja.
ü Decibelios Producciones S.A., era una sociedad formada por Paco Salazar y
Antonio Navas Méndez, hermano del Mariscal Romero. En abril de 1984,
Decibelios cede contractualmente la exclusividad de la licencia de sus
grabaciones discográficas a WEA. En febrero de 1985, al cambiar de directivos
(salen Ele Juárez y Luis Javier Martínez, y entra Saúl Tagarro), WEA rescinde el
contrato.
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En abril de 1987, Banzai (Manzano, Salvador, Tibu y Biosca) se reúnen por única
vez para actuar en la discoteca Canciller, por iniciativa del disc jockey
Mariano García.
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En 1988, tres años después de la disolución de Banzai, el sello Claxon publica
el álbum Banzai, alive ´n ´ screaming. Vienen los mismos temas de Duro
y potente (WEA, 1984), cuatro de ellos cantados en inglés.
Esta biografía de Banzai está tomada
íntegramente del libro de Salvador Domínguez:
Los Hijos del Rock, los grupos
hispanos 1975 - 1989
(Fundación Autor-SGAE, 2002).

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texto: Salvador Domínguez
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